viernes, 2 de septiembre de 2016

Tropa Leo para que revisen ese material que les puede servir mucho para sus pruebas entren la link que les pongo abajo:

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¡PAX Y SERVICIO!

miércoles, 17 de agosto de 2016

El reino de las abejas

....pues así trabajaban las abejas melosas, criaturas que por ley de naturaleza enseñan el cumplimiento del orden a un reino de personas. Tienen un rey, y funcionarios diversos,algunos de los cuales, como magistrados, gobiernan en la casa, otros, como mercaderes, se arriesgan a comerciar en el extranjero; otros como los soldados, armados de sus aguijones, hacen su botín delos aterciopelados capullos del verano: marchando alegremente a casa con su pillaje, hasta el pabellón real de su emperador, que, atareado aun que majestuoso, inspecciona a los albañiles que cantan construyendo techos de oro, a los ordenados ciudadanas que amasan la miel, a los pobres ganapanes cargados, agolpándose con sus pesados fardos en su puerta estrecha: a los jueces, de tristes ojos, que con su zumbido sombrío entregando en manos de los pálidos verdugos al perezoso zángano bostezante.    

William Shakespear

lunes, 15 de agosto de 2016

Continuación del texto calidad

..... Con suma lentitud, trazó el contorno de mi pie, lo palpó,y sólo una vez alzó los ojos para decir:
-¿Le conté que mi hermano había fallecido?-
Era doloroso mirarlo, tan débil se encontraba, y me alegré de marcharme. Había desistido de recibir esas botas,pero una tarde llegaron. Al abrir el paquete,puse cuatro pares en fila. Me las probé una por una. No había duda al respecto.En forma y calce, en terminación y calidad del cuero,eran las mejores que él me había hecho. Y en la abertura de una de ellas encontré la cuenta. Era la suma de costumbre, pero me sorprendió. El nunca me enviaba la cuenta antes de la fecha de pago. Corrí abajo,escribí un cheque y lo despaché de inmediato.
Una semana después, al pasar por la calleja, pensé en pasar para contarle que las botas me sentaba a la perfección. Pero cuando llegué a la tienda, su nombre había desaparecido. En el escaparate aún estaban los esbeltos zapatos, las bota de charol con empeine de tela, las hollinosas botas de montar.
Entré, muy perturbado. En las dos tiendas,de nuevo unidas en una, había un joven rostro inglés.
-¿Se encuentra el señor Gessler?- pregunté.
Me miró con expresión extraña y afable.
-No, pero podemos servirle con gusto en lo que desee. Hemos tomado la tienda. Sin duda usted ha visto nuestro nombre en la puerta. Trabajamos para gente de mucho prestigio.
-Si, si-dije,- ¿pero el señor Gessler?-
-Oh, el ha fallecido-
-¡Fallecido! Pero si recibí estas botas suyas el miércoles de la semana pasada-
-Ah, una circunstancia lamentable. El pobre hombre se murió de hambre-
-¡Santo cielo!-
-Inanición lenta, dijo el médico. ¡Y trabajaba en esas condiciones! Mantenía la tienda, y no permitía que nadie tocara sus botas. Cuando recibía pedido, se demoraba mucho. La gente no quiere esperar Perdió a todos sus clientes. Y allí seguía, sin descanso... y debo reconocer que nadie en Londres fabricaba mejores botas. ¡Pero mire la competencia!¡El no hacía publicidad! Recibía el mejor cuero, y lo hacía todo por su cuenta.Bien, allí tiene. ¿Que se podría esperar con esas ideas?-
-¡Pero morirse de hambre...!-
-Eso puede ser un poco exagerado... pero sé que el se pasó dia y noche trabajando en sus botas, hasta el final. Lo sé por que yo lo observaba. Nunca se concedía tiempo para comer,nunca tenía un penique en la casa. Todo se le iba en el alquiler y el cuero. No entiendo cómo vivió tanto tiempo. Poco a poco su llama se extinguió. Era todo un personaje. Pero hacía buenas botas.
-Si- dije-, hacía buenas botas-
Y me dí media vuelta y me marché deprisa, pues no quise que el joven advirtiera que mis ojos se enturbiaban.

John Galsworthy

domingo, 14 de agosto de 2016

Continuación del texto calidad

.....Una vez (sólo una vez) entré distraídamente en su tienda con un par de botas compradas en ora casa durante una emergencia. Él aceptó mi pedido sin mostrarme cuero, y noté que sus ojs penetraban en el integumento inferior del pie.Al final dijo:
-Esas botas nos son mías-
No era tono de enfado, ni de pena nsiquiera de desdén pero había en él algo que congelaba la sangre. Bajó la mano y apretó con el dedo el lugar donde la bota izquierda, por no atentar contra la moda, había atentado contra la comodidad.
-Allí duele- dijo- Esas firmas grandes no tienen orgullo.¡Bazofia!. Y luego, como si algo hubiera cedido en su interior, habló larga y amargamente. Fue la única vez que le oí comentar condiciones y penurias de su oficio.
-Lo consiguen todo- dijo-, y lo consiguen con publicidad, no con trabajo. Nos arrebatan a nosotros, que amamos las botas. Y se llega a esto. En este momento no tengo trabajo cada año hay menos-.
Y mirando su rostro arrugado vi cosas que nunca había notado antes,amargos pensamientos y amargas luchas, y muchos pelos grises en su barba roja. Como pude, expliqué las circunstanciasen que había comprado esas aciagas botas. Pero su rostro y su voz causaron una impresión profunda que durante los próximos minuts encargué muchos pares. ¡Vaya paradoja!. Duraron más que nunca, y el decoro me impidió ir a verle en casi dos años. Cuando al fin fuí, me sorprendió encontrar que en el exterior de uno de los escaparates de la tienda estaba pintado con otro nombre, también de un zapatero, que desde luego trabajaba para la familia real. Las viejas y familiares botas ya no pasaban en digno aislamiento,si no que estaban agolpadas en ese escaparate único. Aderntro, el encogido pozo de la tienda pequeña estaba más oloroso y oscuro que nunca. Y pasó un rato más largo hasta que asomó un rostro, y se oyó el susurro de las pantunflas. Al fin él se presento y dijo, mirando por sus herrumbradas gafas de hierro:
-El señor-,¿verdad?
-¡Ah,señor Gessler!- tartamudeé-Sus botas son tan buenas, sabe usted. Mire, estas todavía estan en buenas condiciones-
Le mostréel pie y miró.
-Sí- dijo - Parece que la gente no quiere buenas botas.
Para evitar sus ojo y su voz de reproche,me apresuré a señalar:
-¿Qué ha hecho usted con su tienda'-
-Era demasiado grande - murmuró - ¿Quiere usted botas?-
Pedí tres pares aun que sólo necesitaba dos, y me marché deprisa. Tenía la rara sensación de que él me consideraba parte de una conspiración en su contra, o quizás no tanto en contra de él como de sus botas. Era una sensación de molestia, sin duda, pues pasaron muchos meses antes de mi siguiente visita a la tienda. Recuerdo que fuí pensando que no podía abandonar a ese hombre, y consolándome con la ida de que tal vez me atendiera su hermano mayor.
Pues sabía que su hermano mayor no tenía suficiente caracter para hacerme reproches, ni siquiera con una insnuación. Y, para mi alivio, en la tienda estaba su hermano mayor, manejando un trozo de cuero.
-¿Como está señor Gessler?-saludé
Se acercó y me escudriñó. -Yo estoy bien- dijo - pero mi hermano mayor falleció.
Y entonces vi que en realidad era él, aun que mucho más viejo y demacrado. Nunca antes le había oído mencionar a su hermano. Estupefacto, murmuré:
-¡Oh, lo lamento!-
-Si- respondió - era un buen hombre, y hacía buenas botas, pero ha muerto- Se tocó la coronilla, donde el cabello de pronto estaba tan ralo como el de su hermano mayor, para indicar, supongo, la causa de la muerte- No se resignaba a la perdida dela vieja tienda.¿Quiere usted botas?- y alzó el cuero que tenía en la mano- Hermosa pieza.
Le pedí varios pares.Tardaron bastante en llegar, pero eran los mejores que nunca. Era imposible gastarlas. Y poco después viajé al extranjero. Había pasado más de un año cuando regresé a Londres. Y la primera tienda que visité fue la de mi viejo amigo. Yo me había despedido de un hombre sesentón. Al regresar, me encontré con uno de sesenta y cinco años, arrugado, encogido y trémulo que al verme no me reconoció.
-Oh, señor Gessler- dije apesumbdrado- que esplendidas son sus botas. He usado este par casi todo el tiempo que estuve en el extranjero, y ni siquiera están gastadas.
El hechó un vistazo a mis botas de cuero de Rusia,y su rostro parecía recobrar la firmeza. Apoyando la mano en el empeine dijo:
-¿Le sienta bien aquí? Recuerdo que tuve problemas con ese par.
Aseguré que me sentaban maravillosamente.
-¿Quiere nuevas boas? Puedo hacerlas prontamente, pues hay poco trabajo
-Por favor, por favor- respondí- Quiero botas de todo tipo.
-Hare un nuevo molde.Su pie debe estar mas grande....

Continuará

viernes, 12 de agosto de 2016

Continuación del texto calidad

... Pues no era posible ir a verle con frecuencia. Sus botas duraban mucho tiempo, pues tenía algo que trascendía lo temporal, como si incluyera la esencia misma de la bota.
Uno no entraba, como en la,mayoría de las tiendas,con ánimo de ser atenido cuando antes,sino con la serenidad, como en una iglesia,y esperaba en la sencilla silla de madera, pues allí nunca había nadie. Pronto,desde el brocal de esa especie de pozo-oscuro y con un reconfortante olor a cuero- que formaba la tienda,asomaba su rostro,o el de su hermano mayor. Un sonido gutural, el susurro de unas pantuflas de fibra en la angosta escalera de madera,y él se presentaba sin abrigo, un poco encorvado, con su delantal de cuero,con la camisa arremangada, pestañeando, como si hubiera despertado de un sueño de botas,o como un búho sorprendido en plena luz del día y moleso con la interrupción. Y yo decía:
-¿Cómo está usted, señor Gessler?¿Podría hacerme un par de botas de cuero de Rusia?-
Sin una palabra desandaba su camino, o entraba en la otra sección de la tienda, y yo seguía descansando en la silla de madera,aspirando el incienso de su oficio. Pronto él regresaba, sosteniendo en la mano delgada y venosa un trozo de cuero dorado.
-¡Hermosa pieza!-comentaba, clavándole los ojos. Y cuando también yo la había admirado, añadía-:¿Para cuándo las quiere?-
-¡Oh! Tan prono como usted pueda-
-¿Mañana por la noche?- respondía el.
Y si era el hermano mayor:
-Le preguntaré a mi hermano-.
Luego yo murmuraba las gracias y los buenos días, y el respondía "Buenos días" mirando el cuero que tenía en la mano. Y al ir hacia la puerta, yo oía el susurro de las pantuflas de fibra que lo llevaban de regreso arriba,a su ensueño de botas. Pero si se trataba de un nuevo tipo de calzado que él nunca me había hecho, se ponía ceremonioso, despojándose de mi bota y sosteniéndola largo tiempo en la mano, mirándola con ojos crítico y tiernos a la vez,como si evocara la magia con la cual la había creado reprochara el modo en que yo había estropeado su obra maestra. Luego, apoyando mi pie en su papel me tanteaba con un lápiz y me tocaba con dedos nerviosos, hasta interiorizarse en mis requerimientos.
No puedo olvidar el día en que en que tuve ocasión de decirle:
-Señor Gessler,ese último par de botas de pase crujía,¿sabe usted?-
Él me miró un rato en silencio, como si esperase que yo retirase o morigerase la afirmación luego dijo:
-No deberían crujir-
-Me temo que así era-
¿Se humedecieron antes de amoldarse?-
-No creo-
Él bajó los ojos, como buscando el recuerdo de esas botas, y yo lamenté haber mencionado un asunto tan grave.
-¡Mandelas de vuelta!- dijo-Les echaré un vistazo-
Tuve un arrebato de compasión por mis botas crujientes,así que bien podía imaginar la notálgica curiosidad con que él las examinaría.
-Algunas botas- dijo lentamente-son malas de nacimiento.
Si no puedo repararlas, las borraré de su cuenta.......

Continuará

domingo, 7 de agosto de 2016

Calidad

Lo conocí en los días de mi temprana juventud,porque él fabricaba las botas de mi padre; vivía con su hermano mayot en dos pequeñas tiendas unidad en una,en una calleja lateral; hoy ya no existe, pero entonces formaba parte del elegantes West End.
Esa propiedad tenía una serena distinción; no había ningún letrero nunciado que él trabajaba para la familia real, solo el apellido alemán de los hermanos Gessler, y en el escaparate algunos pares de botas. Recuerdo que siempre me costaba dar cuenta de la invariable presencia de este calzado en el escaparate, y me parecía inconcebible que él hubiera hecho algo que no lo hubiera podido vender.¿Las habría comprado para exponerlas?. Esto también me parecía inconcebible. Él jamás habría tolerado en su casa un cuero que él mismo habría trabajado. Además, era un cazado exquisito: un par de zapatos muy esbeltos,encantadoras botas de charol con empeine de tela, altas botas pardas de montar con su incomparable lustre hollinoso, como si tuviera cien años de uso a pesar de ser nuevas. Sólo podían ser obra de alguien que veía el alama de la bota, pues eran prototipos que encarnaban el espíritu mismo del calzado. Desde luego, tuve estos pensamientos después, aun que cuando me presenté ante él,a los catorce años, tuve una vislumbre de la dignidad de ese hombre y de su hermano. Pues fabricar botas -botas como las que él fabricaba- me parecía entonces y me parece ahora, una tarea enigmática y maravillosa.
Recuerdo muy bien mi tímido comentario, un día, mientras estiraba ante él mi pie juvenil.
-¿No es una tarea tremendamente dificultosa señor Gessler?-
Y él respondió, con una sonrisa repentina enmarcada por su irónica barba roja, con un marcado acento alemán:
-¡Difícil, en efectivo!-
Era menudo,como si estuviera hecho de cuero, con su rostro amarillo y arrugado, y su barba y cabello rojos y ensortijados, pliegues que descendían por las mejillas hasta las comisuras de la boca, y una voz gutural y monocorde; pues el cuero es un material burlón, rígido y parasimonioso. Y así era el carácter de este rostro,salvo que los ojos, que eran de color azul grisáceo, tenía la sencilla gravedad de alguien que está poseído por un ideal. Su hermano mayor era tan parecido. aun que acuoso, y mas pálido y muy laborioso- que al principio me costó distinguirlos, hasta que terminó la entrevista. Entonces supe que era él cuando no pronunciaba las palabras "le preguntaré a mi hermano", y que en caso contrario era su hermano mayor.
Si con el tiempo uno se volvía negligente, y acumulaba deudas, nunca las acumulaban los hermanos Gessler. No era decoroso entrar allí y estetirar los pies antes esos ojos azules debiendo más de los dos pares con que uno daba a entender que todavía era cliente.

Continuará...........

lunes, 1 de agosto de 2016

Fraternidad y Trabajo en equipo 

Uno de los trabajos mas grandes a realizar por la humanidad es enseñarle la practica de la fraternidad, empezando por el amor y la autodisciplina con uno mismo, tolerando a sus semejantes y respetando todo lo que existe en el universo.
Por supuesto que los Exploradores Karis practicamos esto al convivir con los miembros de nuestra patrulla, tropa, etc. Hay muchas oportunidades de practicar ese trabajo en equipo, en los campamentos, excursiones visitas, etc. Por ejemplo: En los campamentos debemos repartirnos el trabajo de la patrulla; sí, mientras unos paran la tienda otros van por leña, agua etc. Al practicar esto,nos vamos dando cuenta por el estudio de nosotros mismos que tanto vamos practicando la fraternidad y el trabajo en equipo, lo que redunda en beneficio de todos.