lunes, 15 de agosto de 2016

Continuación del texto calidad

..... Con suma lentitud, trazó el contorno de mi pie, lo palpó,y sólo una vez alzó los ojos para decir:
-¿Le conté que mi hermano había fallecido?-
Era doloroso mirarlo, tan débil se encontraba, y me alegré de marcharme. Había desistido de recibir esas botas,pero una tarde llegaron. Al abrir el paquete,puse cuatro pares en fila. Me las probé una por una. No había duda al respecto.En forma y calce, en terminación y calidad del cuero,eran las mejores que él me había hecho. Y en la abertura de una de ellas encontré la cuenta. Era la suma de costumbre, pero me sorprendió. El nunca me enviaba la cuenta antes de la fecha de pago. Corrí abajo,escribí un cheque y lo despaché de inmediato.
Una semana después, al pasar por la calleja, pensé en pasar para contarle que las botas me sentaba a la perfección. Pero cuando llegué a la tienda, su nombre había desaparecido. En el escaparate aún estaban los esbeltos zapatos, las bota de charol con empeine de tela, las hollinosas botas de montar.
Entré, muy perturbado. En las dos tiendas,de nuevo unidas en una, había un joven rostro inglés.
-¿Se encuentra el señor Gessler?- pregunté.
Me miró con expresión extraña y afable.
-No, pero podemos servirle con gusto en lo que desee. Hemos tomado la tienda. Sin duda usted ha visto nuestro nombre en la puerta. Trabajamos para gente de mucho prestigio.
-Si, si-dije,- ¿pero el señor Gessler?-
-Oh, el ha fallecido-
-¡Fallecido! Pero si recibí estas botas suyas el miércoles de la semana pasada-
-Ah, una circunstancia lamentable. El pobre hombre se murió de hambre-
-¡Santo cielo!-
-Inanición lenta, dijo el médico. ¡Y trabajaba en esas condiciones! Mantenía la tienda, y no permitía que nadie tocara sus botas. Cuando recibía pedido, se demoraba mucho. La gente no quiere esperar Perdió a todos sus clientes. Y allí seguía, sin descanso... y debo reconocer que nadie en Londres fabricaba mejores botas. ¡Pero mire la competencia!¡El no hacía publicidad! Recibía el mejor cuero, y lo hacía todo por su cuenta.Bien, allí tiene. ¿Que se podría esperar con esas ideas?-
-¡Pero morirse de hambre...!-
-Eso puede ser un poco exagerado... pero sé que el se pasó dia y noche trabajando en sus botas, hasta el final. Lo sé por que yo lo observaba. Nunca se concedía tiempo para comer,nunca tenía un penique en la casa. Todo se le iba en el alquiler y el cuero. No entiendo cómo vivió tanto tiempo. Poco a poco su llama se extinguió. Era todo un personaje. Pero hacía buenas botas.
-Si- dije-, hacía buenas botas-
Y me dí media vuelta y me marché deprisa, pues no quise que el joven advirtiera que mis ojos se enturbiaban.

John Galsworthy

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