Continuación del texto calidad
.....Una vez (sólo una vez) entré distraídamente en su tienda con un par de botas compradas en ora casa durante una emergencia. Él aceptó mi pedido sin mostrarme cuero, y noté que sus ojs penetraban en el integumento inferior del pie.Al final dijo:
-Esas botas nos son mías-
No era tono de enfado, ni de pena nsiquiera de desdén pero había en él algo que congelaba la sangre. Bajó la mano y apretó con el dedo el lugar donde la bota izquierda, por no atentar contra la moda, había atentado contra la comodidad.
-Allí duele- dijo- Esas firmas grandes no tienen orgullo.¡Bazofia!. Y luego, como si algo hubiera cedido en su interior, habló larga y amargamente. Fue la única vez que le oí comentar condiciones y penurias de su oficio.
-Lo consiguen todo- dijo-, y lo consiguen con publicidad, no con trabajo. Nos arrebatan a nosotros, que amamos las botas. Y se llega a esto. En este momento no tengo trabajo cada año hay menos-.
Y mirando su rostro arrugado vi cosas que nunca había notado antes,amargos pensamientos y amargas luchas, y muchos pelos grises en su barba roja. Como pude, expliqué las circunstanciasen que había comprado esas aciagas botas. Pero su rostro y su voz causaron una impresión profunda que durante los próximos minuts encargué muchos pares. ¡Vaya paradoja!. Duraron más que nunca, y el decoro me impidió ir a verle en casi dos años. Cuando al fin fuí, me sorprendió encontrar que en el exterior de uno de los escaparates de la tienda estaba pintado con otro nombre, también de un zapatero, que desde luego trabajaba para la familia real. Las viejas y familiares botas ya no pasaban en digno aislamiento,si no que estaban agolpadas en ese escaparate único. Aderntro, el encogido pozo de la tienda pequeña estaba más oloroso y oscuro que nunca. Y pasó un rato más largo hasta que asomó un rostro, y se oyó el susurro de las pantunflas. Al fin él se presento y dijo, mirando por sus herrumbradas gafas de hierro:
-El señor-,¿verdad?
-¡Ah,señor Gessler!- tartamudeé-Sus botas son tan buenas, sabe usted. Mire, estas todavía estan en buenas condiciones-
Le mostréel pie y miró.
-Sí- dijo - Parece que la gente no quiere buenas botas.
Para evitar sus ojo y su voz de reproche,me apresuré a señalar:
-¿Qué ha hecho usted con su tienda'-
-Era demasiado grande - murmuró - ¿Quiere usted botas?-
Pedí tres pares aun que sólo necesitaba dos, y me marché deprisa. Tenía la rara sensación de que él me consideraba parte de una conspiración en su contra, o quizás no tanto en contra de él como de sus botas. Era una sensación de molestia, sin duda, pues pasaron muchos meses antes de mi siguiente visita a la tienda. Recuerdo que fuí pensando que no podía abandonar a ese hombre, y consolándome con la ida de que tal vez me atendiera su hermano mayor.
Pues sabía que su hermano mayor no tenía suficiente caracter para hacerme reproches, ni siquiera con una insnuación. Y, para mi alivio, en la tienda estaba su hermano mayor, manejando un trozo de cuero.
-¿Como está señor Gessler?-saludé
Se acercó y me escudriñó. -Yo estoy bien- dijo - pero mi hermano mayor falleció.
Y entonces vi que en realidad era él, aun que mucho más viejo y demacrado. Nunca antes le había oído mencionar a su hermano. Estupefacto, murmuré:
-¡Oh, lo lamento!-
-Si- respondió - era un buen hombre, y hacía buenas botas, pero ha muerto- Se tocó la coronilla, donde el cabello de pronto estaba tan ralo como el de su hermano mayor, para indicar, supongo, la causa de la muerte- No se resignaba a la perdida dela vieja tienda.¿Quiere usted botas?- y alzó el cuero que tenía en la mano- Hermosa pieza.
Le pedí varios pares.Tardaron bastante en llegar, pero eran los mejores que nunca. Era imposible gastarlas. Y poco después viajé al extranjero. Había pasado más de un año cuando regresé a Londres. Y la primera tienda que visité fue la de mi viejo amigo. Yo me había despedido de un hombre sesentón. Al regresar, me encontré con uno de sesenta y cinco años, arrugado, encogido y trémulo que al verme no me reconoció.
-Oh, señor Gessler- dije apesumbdrado- que esplendidas son sus botas. He usado este par casi todo el tiempo que estuve en el extranjero, y ni siquiera están gastadas.
El hechó un vistazo a mis botas de cuero de Rusia,y su rostro parecía recobrar la firmeza. Apoyando la mano en el empeine dijo:
-¿Le sienta bien aquí? Recuerdo que tuve problemas con ese par.
Aseguré que me sentaban maravillosamente.
-¿Quiere nuevas boas? Puedo hacerlas prontamente, pues hay poco trabajo
-Por favor, por favor- respondí- Quiero botas de todo tipo.
-Hare un nuevo molde.Su pie debe estar mas grande....
Continuará
No hay comentarios:
Publicar un comentario